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De la sospecha al diagnóstico, el costo emocional de no detectar una hipoacusia a tiempo puede ser profundo para una familia. Cuando una madre, padre o cuidador comienza a preguntarse si su guagua escucha bien, aparecen dudas que pueden pesar mucho: “¿Será normal?”, “¿estoy exagerando?”, “¿debí haberme dado cuenta antes?”. Conozco esas preguntas, el miedo y la culpa que pueden acompañarlas. Y quiero decirlo con claridad: nadie debería atravesar ese proceso en soledad.
La sospecha puede comenzar con pequeñas señales o con un resultado de tamizaje que requiere repetirse. A veces, la guagua no reacciona como la familia espera ante ciertos sonidos; otras veces, existen antecedentes médicos o familiares. Sin embargo, no siempre hay señales evidentes. Por eso es tan importante que la detección no dependa exclusivamente de la intuición de madres y padres.
Cuando no existe una evaluación oportuna, la incertidumbre se prolonga. Las familias pueden pasar meses buscando respuestas, recorriendo distintos centros de salud, enfrentando listas de espera o recibiendo información poco clara. Esa espera tiene un impacto emocional: puede generar angustia, agotamiento, temor por el futuro e incluso culpa. Pero la responsabilidad no recae en quienes cuidan. Corresponde a los sistemas de salud ofrecer rutas accesibles, coordinadas y humanas.
Un resultado que requiere repetir el examen no es un diagnóstico. Tampoco una hipoacusia define por sí sola el futuro de un niño o niña. La detección temprana permite conocer mejor sus necesidades y construir apoyos adecuados: evaluación audiológica, orientación familiar, seguimiento, rehabilitación, tecnologías auditivas cuando corresponda y acceso a diversas herramientas de comunicación.
Las recomendaciones del Ministerio de Salud enfatizan la pesquisa auditiva neonatal y el seguimiento especializado de niños y niñas que lo requieran (MINSAL: hipoacusia en menores de 4 años). Detrás de esa recomendación hay algo muy concreto: entregar tiempo a las familias. Tiempo para informarse, decidir y acompañar el desarrollo de sus hijos e hijas.
Como madre de una joven implantada que hoy es universitaria, sé que los primeros momentos pueden sentirse abrumadores. También sé que pedir una segunda opinión, asistir a un control o hacer una pregunta no es exagerar: es cuidar.
Si tienes dudas sobre la audición de tu guagua o niño, conversa con su equipo de salud. Y si estás esperando una evaluación, recuerda que lo que sientes es válido. La información oportuna y el acompañamiento respetuoso pueden transformar una etapa de incertidumbre en un camino de posibilidades.

Directora Ejecutiva Fundación Desafio Hipoacusia.
Periodista de larga trayectoria en medios y comunicaciones corporativas. Tiene una hija usuaria de implante coclear desde hace más de 20 años, cuya detección de la pérdida auditiva fue al año de vida y de manera fortuita ya que hace 20 años no se practicaba el screening auditivo (hoy todavía no existe la ley de tamizaje universal). Desde su experiencia de vida, lleva la gestión de la fundación en el interés de impulsar mejores políticas públicas, porque el impacto de no escuchar afecta a quienes tienen esa condición y también a sus familias.
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Donar 2.000 CLP x única vezConocer iniciativas y donarLa sospecha de hipoacusia en una guagua o niño puede generar miedo e incertidumbre. Tatiana Mora Robles aborda el impacto emocional de retrasar el diagnóstico y la importancia de una detección auditiva temprana y acompañada.
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